
Durante esta semana mis alumnos, casi todos los días, perfumaron mis mañanas con jazmines...
Llegaba a casa y los ponía en un vaso junto a la foto de mi mamá.
Ella adoraba los jazmines.
Para mí por momentos es una tortura, ese aroma a jazmines me recuerda la Navidad, que desde que ella no está en esta casa no se celebra...
Como ella no tuvo infancia, ahora que podía ¡la celebraba con ganas!, arbolito, pesebre, luces por toda la casa. Su fiesta mágica, aunque sea para ella, mi hermana y yo.
Como todos los años, este aroma despierta mi memoria emotiva, pero éste año en particular, necesito la alegría de los jazmines, la alegría de mi mamá.
Que lindo tener recuerdos gratos, felices, que alimentan el alma hambrienta.
Los jazmines vinieron esta semana a acompañar mi vida diaria y les doy la bienvenida, tratando de espantar los fantasmas de la nostalgia y despertando los recuerdos más bellos, donde me siento acompañada por mis seres queridos, cuando en la mañana un niño me regala una flor.





